El primer Balón de Oro fue alzado por Stanley Matthews en 1956, desde entonces el fútbol ha cambiado de protagonistas, estilos, y formas de entender el talento. Siete décadas después, este galardón sigue reconociendo a las grandes estrellas del fútbol mundial.
La pregunta parece sencilla hasta el momento de lanzarla, ¿Quién es el mejor del mundo y quién decide quien lo es?. El debate enciende bares, tertulias y gradas durante horas sin llegar a un acuerdo. Unos exigen goles y otros, títulos. También están quienes se quedan con el jugador que define finales y los hay que premian la regularidad de toda una temporada. El fútbol ofrece argumentos para cualquier postura, convirtiendo la búsqueda del consenso en una discusión sin fin.
Un trofeo que ha cambiado las reglas del juego
El origen del galardón nació en 1956 por iniciativa de la revista francesa France Football, su primer ganador fue el inglés Stanley Matthews, por delante de Alfredo Di Stefano y Raymond Kopa. Aquel reconocimiento nació en un fútbol muy distinto al actual, solo estaba reservado a futbolistas europeos. La primera gran transformación llegó en 1955, cuando se permitió optar a jugadores de cualquier nacionalidad que compitieran en clubes europeos.

Fuente: El comercio
El liberiano George Weah fue el primer ganador bajo este criterio. En 2007, el premio adquirió un alcance verdaderamente mundial permitiendo a todos los jugadores del mundo independientemente de su liga alzarse con el trofeo. Cada modificación ha respondido a una manera diferente de entender el reconocimiento individual. Pero, la necesidad de comparar futbolistas que ocupan posiciones distintas, cumplen funciones diferentes y compiten en contextos que no siempre pueden medirse con la misma vara siempre permanece.
El prestigio del Balón de Oro se sostiene sobre un procedimiento definido. En la edición de 2026, el jurado masculino estaba formado por cien periodistas especializados, representantes de los países mejor clasificados en el ranking de la FIFA. En la categoría femenina participan cincuenta periodistas correspondientes a las 50 primeras selecciones del ranking FIFA femenino. Cada votante ordena a diez futbolistas de una lista de 30 y reparte los puntos establecidos según el reglamento oficial. Las normas también fijan tres criterios por orden de importancia, el rendimiento individual, los resultados colectivos y títulos, la clase y el juego limpio.
Sin embargo, interpretar qué jugador ha rendido mejor, cuál ha sido más decisivo o qué títulos deben tener mayor peso deja margen para el debate. ¿Se premia el futbolista más completo o al que ha firmado la mejor temporada?, ¿vale más la regularidad durante meses o una actuación inolvidable en el partido que decide un campeonato?. El reglamento establece unas pautas, pero no ofrecen una respuesta exacta. Los periodistas deben interpretar el rendimiento de cada candidato y decidir qué actuaciones merecen los primeros puestos porque el fútbol no se mide únicamente en números también cuentan los contextos, las funciones y las distintas formas de influir en un partido.
Setenta años cambiando de respuesta
La historia del galardón refleja cómo ha evolucionado la percepción del talento. Durante décadas los grandes goleadores ocuparon un lugar protagonista en la conversación futbolística. La rivalidad entre Lionel Messi y Cristiano Ronaldo llevó la competición individual a otra dimensión, sus cifras goleadoras, su regularidad y su capacidad para decidir partidos marcaron una época. Aun así, su reconocimiento ha generado mucho debate, ocupando titulares, estadísticas, mientras cada temporada avivaba la comparación entre ambos.
La edición de 2010 es un ejemplo de esa dificultad: Lionel Messi ganó el premio por delante de Andrés Iniesta, Xavi Hernández y Wesley Sneijder. Iniesta y Xavi habían sido protagonistas del Mundial conquistado por España mientras que Sneijder había complementado una temporada destacada con el Inter de Milán.
El resultado del ganador abrió un debate sobre el peso que debían tener los títulos colectivos y el rendimiento individual. En 2024, catorce años después la polémica regresó con fuerza, el español Rodri Hernández se alzó con el trofeo y se impuso a Vinicius Jr. El Real Madrid decidió no acudir a la ceremonia tras conocer que el brasileño no ganaría el premio. Más allá de las preferencias de cada afición, aquel episodio volvía a demostrar que el Balón de Oro no entrega únicamente un reconocimiento deportivo. También concentra expectativas, relatos y emociones que trascienden más allá del campo.
La creación del Balón de Oro femenino, supuso otro gran cambio importante en 2018 cuyo primer galardón lo recibió la noruega Ada Hegerberj. La incorporación reconoció a las futbolistas dentro de uno de los premios más conocidos del deporte, aunque evidenció cuánto camino quedaba por recorrer para lograr una visibilidad equivalente, desde entonces el fútbol español ha ganado protagonismo.

España como reflejo del fútbol actual
La presencia española en la edición de 2026 muestra el peso y la evolución del fútbol español. Alexia Putellas conquistó su tercer Balón de Oro femenino, después de los logrados en 2021 y 2022, mientras Harry Kane se llevó el masculino. Lamine Yamal y Vicky López fueron distinguidos como mejores jóvenes talentos. Por otro lado, en el caso de Catacoll y Unai Simón fueron premiados como mejores porteros del año. Luis de la Fuente y Pere Romeu fueron reconocidos como entrenadores del año en las categorías masculinas y femeninas respectivamente.
Sus perfiles permiten ampliar la mirada sobre lo que significa destacar en el fútbol. Lamine Yamal representa el desequilibrio y la capacidad para superar rivales. Rodri que terminó cuarto en la clasificación de 2026 representa otra idea, la lectura de juego y el control de centro de campo y Fabián Ruiz, décimo en la clasificación representa la influencia de un centrocampista capaz de intervenir en distintas fases del partido. No aportan lo mismo ni desempeñan las mismas funciones, pero su contribuciones pueden ser determinantes. En el fútbol femenino los reconocimientos de Putellas, López y Coll muestran la presencia de jugadoras españolas en distintas posiciones y etapas de sus carreras, que reflejan el protagonismo que ha adquirido el fútbol español.
¿Se puede elegir al mejor de forma objetiva?
El problema aparece cuando se intenta comparar lo que en el campo cumple funciones diferentes. Los goles y asistencias son indicadores útiles pero no explican por completo la influencia de un futbolista, un defensa puede destacar por anticiparse a los ataques, un centrocampista por organizar el juego y un delantero por decidir un encuentro en una sola acción.
Ángel Valdés experto en análisis del rendimiento deportivo advertía en una entrevista publicada por La Voz de Galicia en 2021 sobre el error de confiar exclusivamente en los números, su reflexión ayuda a comprender que las estadísticas necesitan interpretación y contexto. Una cifra aislada no siempre explica la dificultad de una acción ni su importancia para el equipo, aplicado al Balón de Oro esto significa que dos jugadores pueden presentar estadísticas similares y aún así influir de manera distinta en sus equipos. También obliga a preguntarse qué pesa más ¿la regularidad durante la toda la temporada o una actuación decisiva, el rendimiento individual o los títulos colectivos, el papel en el club o el protagonismo con la selección?.
La misma dificultad aparece al comparar los títulos con el rendimiento individual, ganar una Champions o mundial puede reforzar la candidatura de un jugador, pero los éxitos colectivos dependen de plantillas enteras, decisiones tácticas y circunstancias que ningún futbolista controla por completo. Las controversias no significan necesariamente que el premio carezca de valor, sino que la excelencia futbolística admite más de una lectura.
Cada año, el fútbol vuelve a intentar encontrar una respuesta para una pregunta que quizá no la tenga. Porque durante 70 años el Balón de Oro ha cambiado de manos, de criterios y de protagonistas, pero la discusión permanece: ¿qué significa realmente ser el mejor?

