El ministro de Transportes dimitió por sorpresa en la noche del martes, al término de su comparecencia extraordinaria en la Diputación Permanente del Congreso. El PSOE tiene por delante veinticuatro días de campaña para superar el escándalo de la alta velocidad española
Seis días después de la tragedia de Urda, dimite Óscar Puente, ministro de Transportes y Movilidad Sostenible. Casi una semana después del peor accidente reciente de la red ferroviaria española, del segundo en la alta velocidad en sólo nueve meses, que se ha saldado con 69 fallecidos para sumar un total de 115 en este año 2026.
Dimite de improviso, al término de una larga comparecencia ante el órgano permanente del Congreso de los Diputados, que él mismo solicitó. No fue hasta el final, pasadas las nueve de la noche, cuando el compareciente concluyó su último turno con una afirmación que en los últimos días se había instalado en la opinión pública española como evidente:
«Un ministro de Transportes de un país como España no puede continuar en su cargo con dos accidentes de esta gravedad en menos de un año, por muy distintos que sean y tenga o no responsabilidad directa en ellos»
Afirmó que la decisión estaba tomada desde el mismo míercoles 28 de octubre, minutos después de conocer la noticia del siniestro de Urda. Dio fin así a seis días de enorme presión sobre el Gobierno, que no había sido capaz aún de encajar tan devastador golpe a su credibilidad a sólo un mes de las elecciones generales. Superado el luto nacional, necesario tras una catástofe que ha sobrecogido a toda España, se abre el interrogante de cómo afrontar una campaña electoral ante este giro terrible del guion que cada partido se preparaba para seguir.

Urda obliga a partir desde cero. Lejos queda la estrategia de campaña del PSOE de los primeros mítines de octubre, en la que los socialistas se presentaban con lemas de alegría y optimismo frente a la negatividad y crispación que atribuían a las derechas. Esa malograda narrativa cederá ahora su lugar a un nuevo enfoque, que deberá centrarse en propuestas para evitar que se repita un desastre como los del 28 de octubre y el 18 de enero.
El primer gesto se produjo ayer por la mañana, cuando Pedro Sánchez compareció para anunciar la encomienda de las competencias de Transportes al Vicepresidente primero, Carlos Cuerpo. El perfil técnico y gestor del Gobierno por antonomasia pasa a despachar los asuntos ordinarios de la cartera cedida por Puente, con lo que el ejecutivo manda un claro mensaje de seriedad y moderación a los votantes.
La elección resulta lógica, en vistas del discurso adoptado desde el día del accidente por el Partido Popular. El líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, ha optado por la contención en el discurso, por la sobriedad en las formas y por acentuar el perfil gestor de su candidatura, buscando transmitir la confianza que tantos españoles han perdido en el Gobierno a raíz de este siniestro. Las pocas encuestas que, aún con timidez, han salido a la luz desde el fin de semana, han reflejado el éxito de esta decisión de los populares, con trasvases de voto masivos del PSOE al PP y sugiriendo por primera vez que los socialistas podrían perder el umbral de los 100 escaños.

Sánchez es consciente de que el PP está logrando marcar el ritmo, por lo que deberá reaccionar con propuestas para reconducir la administración de las infraestructuras. Pero la evidencia es demoledora: dos accidentes en un año, un ministro dimitido y su predecesor (José Luis Ábalos) cumpliendo una condena de 24 años de prisión por corrupción. A veinticuatro días de las elecciones, se aleja la posibilidad de una remontada de la izquierda que logre frenar la mayoría absoluta del PP y Vox.
Por su parte, la izquierda del Frente Amplio y los partidos nacionalistas han logrado desvincularse del PSOE en la gestión de la crisis ferroviaria. Con mayor o menor firmeza, todos los grupos, a excepción de EH Bildu, pidieron el martes en el Congreso la dimisión del ministro Puente. José Ignacio García, de Adelante Andalucía, venía pidiéndola desde el mismo día 28, y a él se sumaron poco después Ada Colau, Gabriel Rufián y otros líderes de las diferentes izquierdas.
El PSOE fue poco a poco quedándose aislado en la defensa de la permanencia de Puente al frente de su departamento, utilizando como única respuesta a las críticas la comparación con otros desastres que tuvieron que gestionar los populares, especialmente el accidente de Angrois de 2013. La dimisión del ministro va en la línea de reforzar esta línea argumental. El lema «no todos los políticos somos iguales» parece irse asentando en las últimas horas como posible arranque de la nueva estrategia. Cabe esperar una mayor presencia del ministro Cuerpo en los actos de campaña, al tiempo que una política de mano dura en la gestión de su nuevo ministerio. La dimisión del presidente de Adif anunciada ayer apunta a una profunda renovación de la cúpula de Transportes.
Quedan tres semanas y media para el 29 de noviembre, y el PSOE afronta un momento crítico en su plan por lograr una nueva «remontada» en las urnas. Con una campaña dinamitada, indicios de una fuga masiva de votantes y una pérdida durísima en el círculo de confianza del presidente, queda por ver si Urda será recordado como la puntilla definitiva a la era de Pedro Sánchez.
