El nacionalismo lingüístico

Un libro que presenta las lenguas como un instrumento para comunicarnos, para expresarnos, y para describir el mundo; y no como armamento o escalón social.

Como catedrático de Lingüística General en la Universidad Autónoma de Madrid y Doctor en
Filosofía y Letras, Juan Carlos Moreno Cabrera (Madrid, 1956) se ha dedicado a estudiar la situación de la diversidad lingüística en el mundo, centrándose en las ideologías del imperialismo y el nacionalismo lingüístico. A día de hoy, cuenta con más de cien artículos en revistas y treinta libros, entre los que figura El nacionalismo lingüístico, una ideología destructiva.


En él, desvela las manipulaciones con las que se intenta ocultar un nacionalismo lingüístico
subyacente. Ya en la nota preliminar explica la necesidad de detectar esta ideología para poder comprender lo que está pasando en el mundo. A pesar de que se publicó hace ya 18 años, la problemática que expone es atemporal. Está orientado al público general; el lenguaje que emplea no es ininteligiblemente técnico, sin perder especificidad ni rigurosidad. Si bien es cierto que el libro, sobre todo, podría interesar a aquellas personas interesadas en la evolución de las lenguas, la imposición de ellas, o en la lingüística, lo recomendaría a todas aquellas con inquietudes políticas o históricas.


Comienza con una aclaración de los procesos por los que pasa una lengua de manera natural,
explicando las confluencias con otros idiomas, los dialectos que surgen, y las respectivas
koineizaciones y lenguas criollas, diferenciándolos claramente de las manipulaciones por parte de la ideología nacionalista. Expone los pilares sobre los que se fundamenta dicha ideología, ocultando aspectos sociales, políticos y económicos para presentarlos como intralingüísticos naturales. Incluye varias definiciones de los términos con los que trata, procedentes de fuentes distintas, no sin posteriormente explicar cada una, asegurando un entendimiento de todas. El libro está ordenado de forma que primero se asientan las bases comunes a la mayoría de los idiomas, para entender más tarde la situación específica del castellano, especialidad de Moreno Cabrera. Los cimientos del nacionalismo lingüístico quedan totalmente delimitados, para más adelante profundizar en las particularidades del idioma llamado español. Los razonamientos del autor siempre vienen seguidos de fuertes fundamentos teóricos, fruto de una evidente investigación exhaustiva. Se mencionan nombres como Manuel Alvar (filólogo y dialectólogo español), Ramón Menéndez Pidal (filólogo e historiador español) o Donald Tuten (profesor norteamericano de Lingüística y Español).

Personalmente, me ha ayudado a entender el porqué de la elección del castellano como
lengua estándar. Sin poseer estudios lingüísticos sofisticados, he podido comprender
claramente los mecanismos que usa la ideología nacionalista para imponer una lengua sobre
las demás, y presentar este proceso como natural e inevitable. Me he dado cuenta de que elecciones en apariencia sencillas o sin importancia, como la designación de “español” para la variedad estándar, conllevan una fuerte carga política intrínseca. También he podido descubrir muchas falacias utilizadas para justificar y legitimar situaciones de desigualdad política y cultural en las que anteriormente no me había fijado, como la idea de que las modalidades lingüísticas derivan de la variedad estándar, cuando en realidad sucede al contrario.


De todas formas, quizá se trate de una obra un tanto repetitiva. Hay argumentos que repite
varias veces, sin aportar; en mi opinión, una perspectiva nueva. Por ejemplo, reitera la explicación de la supremacía política de ciertos sectores, siendo la minoría dominante la que tiene la elección sobre la lengua que se emplea. Yo tuve la sensación de que con ello buscaba un entendimiento integral de su punto de vista, que ciertamente consigue, pero quizá esto pueda llevar a una lectura algo más pesada.


En definitiva, se trata de un libro ameno, con un nivel de dificultad no muy elevado, que en
esencia defiende valientemente la concepción de las lenguas como un instrumento para
comunicarnos, para expresarnos, y para describir el mundo; y no como armamento o escalón
social.