¡No quiero!: La lucha pendiente contra el matrimonio infantil

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Este verano, las autoridades de Ecuador rescataron en la frontera a una menor de 10 años que había sido traficada desde Perú. El futuro marido, un hombre de unos 50 años, fue detenido y acusado de tráfico humano para matrimonio servil. Esto es, una relación en la que una persona, normalmente vulnerable, se entrega a una unión matrimonial sin ninguna condición de libertad o igualdad, ya no digamos amor.

Senado aprueba reforma que prohíbe matrimonio infantil en el país. Fuente: La Jornada de Oriente

Esta situación afecta especialmente a las niñas y adolescentes menores de 18 años indígenas o de zonas pobres en las que esta unión, aparte de una imposición, supone una carta blanca para ser víctimas de trata, violencia y explotación. Muchas veces promovidas incluso por sus padres por motivos económicos. Otras, por un falso anhelo de seguridad y protección.

Muy de vez en cuando, la historia de una de las más de 30.000 niñas que son diariamente forzadas a casarse trasciende y logra hacerse un hueco en la prensa internacional. No es grande ni muy detallado, pero es suficiente para que en Occidente se reabra el debate sobre el matrimonio infantil.

Los más privilegiados desde su burbuja perciben esto como una realidad residual. Quizá por auténtico egocentrismo. O quizá como mecanismo de autodefensa porque nos resulta cruel pensar que el día que a nosotras nos han vendido como “el más feliz​ de nuestra vida”, es el inicio de una eterna pesadilla para millones de niñas en el mundo.

Curioso considerarlo “residual” cuando la realidad es que el matrimonio antes de los 18 años solo está absolutamente prohibido en el 26% de países del mundo. En el 54% cabe rebajar esa edad bajo algunas excepciones, con un 25% de estas fijando el límite en tan solo 13-14 años. Y en el 18% sigue estando legalmente permitido.

A día de hoy, más 650 millones de niñas y mujeres vivas están casadas antes de los 18 años, y más de 12 millones de niñas al año se suman a esa cifra cuando se casan en ceremonias todavía legales y tradicionales.

Unicef estima que el matrimonio infantil en América Latina afecta a 1 de cada 4 menores de edad. Por supuesto, no es el único lugar del mundo en el que ocurre esto. De hecho, en el África Subsahariana el porcentaje de matrimonios infantiles crece hasta el 40%. Pero Latinoamérica sí que es el único territorio en el que no se aprecia una disminución en este porcentaje, detalle francamente preocupante.

No ha sido hasta mediados del siglo pasado y, sobre todo, principios del s.XXI cuando se han empezado a tomar medidas efectivas con el objetivo de evitar este tipo de prácticas. Si bien a día de hoy muchos países latinoamericanos han prohibido legalmente los matrimonios de menores sin excepción, lo cierto es que no ha ido de la mano de un cambio social. Así pues, aunque en la teoría se hayan prohibido este tipo de uniones, en la práctica se siguen produciendo bajo la ambigüedad de las uniones tempranas. Distinta figura, pero mismo efecto: niñas que abandonan sus hogares, su infancia, su escuela y su futuro para ponerse en unos zapatos que les quedan demasiado grandes. Y no solo es una cuestión de moral, es una cuestión de salud, pues un 76% de los embarazos en menores de 18 años se producen dentro de un matrimonio.

Matrimonio Infantil. Casarse no es un juego. Fuente: Save The Children https://www.savethechildren.es/colaborar-ong/matrimonio-infantil-casarse-no-es-un-juego-fr

Atendiendo al ritmo actual de progreso tanto legal como cultural, la ONU estima que se necesitarán 300 años para erradicar el matrimonio infantil en todo el mundo. Son muchas las voces públicas que han aprovechado su altavoz y su posición para denunciar el matrimonio infantil y llamar al cambio social.

Cabe recalcar el trabajo de Theresa Kachindamoto, política y activista Malaui que, en su jurisdicción, disolvió más de 3.500 uniones infantiles y devolvió a esas niñas a su escuela. Igualmente, suspendió a muchos jefes tradicionales que encubrían este tipo de prácticas y contribuyó a que en Malaui se prohibiera el matrimonio antes de los 18 años. Por su parte, Eufrosina Cruz, política mexicana, ha impulsado múltiples reformas legales claves en su país para erradicar el matrimonio infantil en las zonas rurales, tras haber sido ella misma víctima de esta figura.

También son muchas las niñas que, desde el anonimato, han tenido la valentía de oponerse a casarse, exponiéndose a todas las represalias familiares y públicas que eso conlleva. Y también las que, ya como mujeres, han luchado porque otras no tengan que vivir el mismo infierno. Por último, son muchas las ONG que protegen a las menores y les ayudan a buscar otras vías para continuar con su crecimiento y desarrollo.

Ante todo este panorama, por supuesto que la lucha contra el matrimonio infantil está en los Parlamentos. Pero sobre todo, está en las aulas. Una niña fuera de la escuela es el blanco más fácil para enredarla en este tipo de prácticas. Y una niña que se compromete, es una niña que deja de estudiar.

Que la educación abre puertas quizá para nosotros, desde el privilegio europeo, es un tópico. Pero, para muchas niñas en el mundo es una realidad. Es la posibilidad de mantenerse por sí mismas. De no ser como sus madres. De poder elegir el futuro que quieren, sin depender de alguien que no las quiere a ellas. De poder decir algo tan sencillo como “No”. Por ellas y por las que vienen después.

Si tan prometedor es el futuro que ofrecen aquellos que se casan con menores, seguro que encuentran a alguien que quiera vivirlo con ellos sin tener que aprovecharse de su inmadurez, inocencia o del nivel económico de sus padres.

Y que dejen a las niñas crecer, formarse y tener sueños para que, cuando llegue el momento puedan cumplirlos.

*Todos los datos de este artículo son datos o estimaciones oficiales de la UNESCO y UNICEF para el año 2025.