En una declaración emitida a las 9:00 este lunes, el Presidente del Gobierno ha anunciado la convocatoria de elecciones generales para el próximo 29 de noviembre.
Contrariamente a lo sostenido por el Gobierno hasta el mes pasado, la XV legislatura de la democracia española no ha durado cuatro años. Las elecciones generales no serán en 2027, sino el próximo 29 de noviembre, la primera fecha posible tras la dura derrota del ejecutivo en el Congreso de los Diputados el pasado viernes. La Cámara Baja rechazó la convalidación de los dos reales decretos-leyes destinados a paliar la crisis de la vivienda que atraviesa nuestro país, en un contexto de enorme movilización social. Ello ha proporcionado a Pedro Sánchez la oportunidad –tal vez la última que iba a encontrar– de plantear la contienda electoral en sus propios términos. ¿Cómo de arriesgada es la jugada?
LA ÚLTIMA CARTA DE LA COALICIÓN PROGRESISTA
El PSOE acude a las elecciones profundamente desgastado tras ocho años en el gobierno. La legislatura se ha vuelto agónica para los socialistas, que se vienen desangrando en votos con cada nueva cita en las urnas. Desde diciembre de 2025, las elecciones de Extremadura, Aragón, Castilla y León y Andalucía han supuesto un revés tras otro, con las derechas arrasando sin remedio.
Durante el pasado fin de semana, diferentes medios se han hecho eco de la respuesta favorable a los rumores de adelanto electoral por parte de los líderes regionales y locales del partido. No es para menos: es conocida desde hace tiempo la insistencia de los cuadros socialistas por situar las elecciones generales antes de las autonómicas y municipales del próximo mayo, temiendo un nuevo triunfo arrollador del Partido Popular que les arrebatase el escaso poder local que retuvieron en 2023. El escenario de llegar a mayo con un gobierno de derechas en la Moncloa es, claramente, más favorecedor para los numerosos alcaldes socialistas que buscan recuperar el poder perdido.
Sin embargo, el Gobierno dice confiar en remontar el resultado al que le abocan los sondeos. Pedro Sánchez parece haber tomado la decisión convencido de la posibilidad de revalidar e incluso ampliar la mayoría de investidura que le ha sostenido tres años. En Moncloa consideran que la agitación en las calles por la vivienda les beneficia, pese a que protestas como la de Sol están cada vez más influenciadas por movimientos que desbordan las propuestas que puede ofrecer la izquierda parlamentaria. En cualquier caso, en el PSOE saben que tienen 54 días por delante para despertar a su electorado para, en el caso de que la victoria no sea posible, formar una oposición fuerte que pueda combatir a la previsible coalición de PP y Vox.
Aún más incierto es el futuro del socio minoritario de la coalición progresista. Sumar afronta este mes de octubre la enésima refundación de la articulación electoral de su espacio político. «Frente Amplio» se consolida como marca de la nueva agrupación de la izquierda; sin embargo, de momento ésta estaría conformada por menos fuerzas políticas que en 2023. Podemos prosigue su estrategia de diferenciarse de los grupos que han formado parte del Gobierno, y grupos pujantes como Adelante Andalucía o Compromís se muestran reticentes a aceptar una gran candidatura de toda la izquierda estatal. La izquierda andalucista, pujante tras las autonómicas de este año, ya ha anunciado que presentará listas propias en las provincias andaluzas. El adelanto electoral ha llegado y la izquierda se encuentra descabezada y enfrentada internamente. Tienen tan sólo diez días para alcanzar una fórmula de unidad y registrarse como coalición, o enfrentarse a unas elecciones con varias papeletas para un mismo espacio.
LOS TRAUMAS DEL 23-J
Pasando a la oposición, el anuncio de la convocatoria de elecciones se recibe con una euforia nerviosa. Por un lado, saben que tienen todo a su favor para arrebatar por fin el poder a Pedro Sánchez. Por otro, el encontrarse frente a unas elecciones «fáciles» revive inevitablemente los fantasmas de los anteriores comicios en 2023. En la campaña de hace tres años, se evidenció la falta de coordinación entre los populares y los de Abascal, con un Feijóo empeñado en diferenciarse de la retórica populista de Vox al tiempo que debía negociar con ellos los gobiernos autonómicos posibles tras las elecciones del 28 de mayo. Los populares confiaban entonces en lograr un resultado suficientemente abultado como para gobernar en solitario, algo que parecía factible de acuerdo con sus sondeos. El desengaño de la noche electoral evidenció hasta qué punto la derecha había subestimado la capacidad de Pedro Sánchez por reactivar al votante de izquierdas utilizando el miedo a una mayoría de las derechas. El error les ha costado tres años más de gobierno socialista; queda por ver si han servido para realizar propósito de enmienda.
Por lo pronto, las primeras horas de precampaña han quedado marcadas por las acusaciones de posible fraude en el voto por correo. Tanto Santiago Abascal como Isabel Díaz Ayuso han puesto en cuestión públicamente la limpieza de la actuación de Correos, animando a sus seguidores a votar presencialmente a toda costa. Dan así validez a una de las teorías más difundidas en los círculos de la derecha populista, que en última instancia parece destinada a servir como justificación de un nuevo fracaso electoral. Cabe señalar, empero, el riesgo que estas declaraciones entrañan para sus propios intereses, al desmovilizar a posibles votantes a los que les resulte imposible acudir a su mesa el 29 de noviembre. Así, y en una de las ya famosas muestras de la falta de coordinación interna de estas fuerzas políticas, diferentes personalidades del PP se han desmarcado de las declaraciones de su compañera y han animado a votar por cualquier vía disponible.
En cualquier caso, todo indica que las derechas irán a estas elecciones más unidas que hace tres años. A diferencia de 2023, los populares y Vox llegan con sus gobiernos de coalición autonómicos ya consolidados. Después del desencuentro de 2024, los acuerdos alcanzados en las comunidades autónomas en los últimos meses han servido para normalizar la relación entre ambos partidos, conscientes ambos de la necesidad de al menos coexistir y de que comparten numerosos objetivos comunes.
Quedan 54 días para las elecciones generales. Si algo debe quedar claro desde el día 1 es que la victoria la dan las papeletas, no las encuestas. El escenario está abierto y España cuenta con una oportunidad para darse una dirección política clara que afronte los graves problemas que atravesamos como nación. Al margen de cualquier consideración ideológica, tengamos presente nuestra responsabilidad como votantes. El 29 de noviembre los protagonistas no serán los dirigentes políticos, sino cada uno de nosotros. Seamos conscientes de la importancia del momento y actuemos en consecuencia.

