¿Quién es rocky?

The Hollywood Reporter

La increíble historia de la producción de Rocky y cómo Sylvester Stallone encarnó el más sincero espíritu del artista y el cineasta independiente

Todos tenemos una película que, en algún punto de nuestra vida, ha dejado mella en nuestro subconsciente y ha marcado un antes y un después en nuestra percepción de la realidad. Entramos en esa sala de cine de confianza o de no tan confianza y suspendemos nuestra credulidad para sumergirnos en mundos ficticios y empatizar con personajes que, minutos antes, eran completos desconocidos. Ese es el poder de las historias: concederle a algo irreal la importancia de lo real pues significan eso mismo, la vida. Hay historias multitudinarias, íntimas, sociales, personales, de amor, de aventuras, de venganza… y quién dice que algunas de estas maravillosas tramas no nacen de querer contar otras. 

Variety. Fotograma de la película Yo Soy Rocky, inspirado en la original, Rocky.

Precisamente esto es lo que pasa en Yo Soy Rocky: en búsqueda de contar una historia épica que marcó una generación, Sylvester Stallone y todos los que contribuyeron a crear esta obra magna fueron partícipes de otra historia que hoy trasciende en la película que pude ver el pasado sábado 10 de octubre en el Festival Movie de Montevideo 2026. 

Yo Soy Rocky se trata de un biopic estrenado recientemente que no tiene miedo de reconocerse como comedia, definir bien el carácter de oposición y naturalidad de los personajes e ir de lleno a un objetivo final que todos identificamos y con el que nos cuesta muy poco empatizar. No se las da de ser algo excesivamente trascendente, y, a falta de esta pretensión, acaba siéndolo, con una fórmula muy sencilla pero cercana, humanizando mucho a los personajes y con un Anthony Ippolito que resulta clavadito al Stallone de esos años. Además, aporta ideas muy interesantes como la condición de mentirosos de los actores y una mirada referencial y metacinematográfica cuando habla de la Steadycam, Orson Wells y juega con el formato en esa escena final.

Cuando se dirigió a los estudios para realizar la película, Sylvester Stallone contaba con una condición que tenía muy clara: “yo he escrito este guion, este guion habla de mí, y yo voy a interpretar al personaje protagonista”, de ahí el título, que en inglés es I play Rocky (yo interpreto a Rocky). Contaba con una determinación inquebrantable, que no cedió por mucho que los productores le ofrecieran cantidades desorbitadas para la época a cambio del guion, pues sentía que esas páginas eran parte de él y Rocky no podía ser encarnado por otra persona que no fuera él. Esto llevó a que se produjera al estilo más independiente: con un bajo presupuesto, haciendo mil malabares con el presupuesto, pero con una visión artística y conceptual muy potente. 

Screencrush. Fotograma de Yo soy Rocky, con su protagonista presentando el guion de su película a los estudios que lo compraron.

Este es el espíritu del artista que hoy nos puede inspirar a tantos estudiantes de cine o cineastas en proceso: crear a toda costa, con una idea en la que confíes y con una mirada que merezca aportar algo a la cultura. Stallone rechazó ofertas que le podían sacar de una mala racha económica, arriesgándolo todo para dar vida a Rocky, y Rocky le dió la vida a él. Imagina hacer una película que es financiada con la hipoteca de los dos productores ejecutivos, grabando a los márgenes de la ley y con un actor principal desconocido, para resultar en 10 nominaciones al Óscars y ganando 3 de ellos. Rocky lo hizo. 

Por tanto, si te gustó Rocky, vas a abrazar esta película tanto como a la original, y si no te gustó, dale una oportunidad para conocer esa magia que, dentro o fuera de la pantalla, ha atrapado a tanta gente.